AYUDA, MI HIJO ESTA EN CUIDADOS INTENSIVOS

Actualizado: hace 6 días

Quizás una de las situaciones más angustiantes y dolorosas a las que unos padres se pueden enfrentar es la posible muerte o la muerte de un hijo.



Como padres se quiere lo mejor para los hijos: que estén bien y seguros y el ver a su pequeño hijo(a), en cuidados intensivos luchando por sobrevivir, sometiéndose a tratamientos dolorosos y sufriendo genera una angustia extrema que excede las barreras naturales de lo que se puede asimilar. Muchos padres pueden hacer frente a todas las etapas de la enfermedad para ayudar a su hijo. Pero aún, para los padres más resilientes, esta situación puede ser demasiado estresante. E, incluso, después de que el hijo se vaya estabilizando y el peligro haya pasado, se pueden llegar a deprimir, tener ansiedad, irritabilidad, sentirse indefenso, etc.


Inicialmente en el momento en que el hijo está entre la vida y la muerte, toda la energía de los padres está orientada a salvar la vida del hijo(a). Como es natural, no se quieren separar del hijo(a) pase lo que pase. Lo quieren proteger con toda las fuerzas y es natural que en ese momento se olvide “el autocuidado”.


Los padres están sometidos un estrés prolongado: el recibir la noticia, los exámenes de diagnóstico, el comienzo del tratamiento, el ver a su pequeños soportar tratamientos que son dolorosos, las cirugías, la evolución, los efectos secundarios del tratamiento , los problemas que se pueden presentar, más pruebas clínicas y exámenes de seguimiento, la recuperación, e incluso tristemente, a veces, la muerte. Esto sin contar con tener que lidiar con las obligaciones del día a día, el cuidado de los otros hijos, el trabajo, la pareja o el estrés económico que puede haber. Todo esto genera mucho dolor, rabia e impotencia.



Pero esto imperativo recibir ayuda de la familia y amigos, idealmente desde el comienzo, con cosas tan simples, como que le preparen la comida, una noche se queden en el hospital a dormir mientras van a casa, tal vez recibir un masaje en los hombros, salir a caminar un poco, hacer estiramientos, comer sano, respirar, etc, estas cosas, pueden ser de gran ayuda en esos duros momentos. De esta manera, la situación será un poco más llevadera a pesar de la circunstancia.


Si no lo hacen, el estrés se va acumulando y el sistema nervioso se ve desbordado, produciendo síntomas que pueden continuar aún más allá de la enfermedad del niño, afectando, no solo la recuperación emocional y física de su hijo(a), sino también a la propia salud física y mental, la relación de pareja y a los otros hijos si los hubiere.


Y es que cuando se vive una situación inesperada como esta, que posiblemente no se pudo anticipar, que de alguna manera es violenta, y/o producida por otro ser humano y que pone en riesgo la vida del niño, hay una cosa clara: LA SEGURIDAD DEJA DE EXISTIR. Los PADRES se sienten VULNERABLES, aterrorizados, hipervigilantes. A veces sobreprotegen al niño(a), buscando cualquier señal que muestre que la enfermedad ha regresado y/o que hay mejoría. Es difícil para los padres dejar de pensar en ello.


Algunos padres vienen a consulta meses o años después del diagnóstico porque afirman sentirse: “anestesiados”, “desconectados del mundo”, “tristes sin razón aparente”, “angustiados”, “irritables” o “afligidos’. Sin saber que sus síntomas pueden estar conectado a todo lo que vivieron con la enfermedad de su hijo. Y esto es NORMAL, no tiene nada que ver con su capacidad de resiliencia, tiene que ver con que vivieron una situación extremadamente traumática. Y estos son síntomas de estrés postraumático.


Se recomienda que los padres busquen ayuda psicológica paralelamente o después que su hijo esté estable, para ayudarse a sí mismos ya que puede ser que, con el pasar de los días, de los meses, se presenten síntomas de estrés postraumático. Esto puede ocasionar que dejen de lado a sus otros hijos y la pareja. La duración de estos síntomas dependen de la naturaleza y el curso de la enfermedad del niño, su edad, de la red de apoyo que se tenga, la experiencia con los médicos y enfermeras durante toda la enfermedad y de traumas pasados.


Si esta es tu situación y ya ha pasado más de un mes desde que este incidente sucedió, y tus síntomas “te están afectando en el día a día”, probablemente deberías recibir ayuda psicológica, pues has sufrido una experiencia traumática.


Cuando se ayuda a la familia a elaborar todo el estrés vivido, el niño se recupera mejor, pues los padres podrán estar presentes después de la recuperación sin crearle un estrés adicional al niño. Espero que lo que sea por lo que estás pasando se solucione de la mejor manera posible.


Espera el próximo blog: La soledad


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